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Director Ejecutivo

Libertad y Desarrollo

Luis Larraín A.

Migración Sustentable en Chile

19 de marzo de 2019

La migración es uno de los temas más importantes de la política mundial hoy día. Líderes de importantes países ascienden o caen al vaivén del sentimiento de los votantes hacia la migración. Por razones demográficas y económicas, la migración ha llegado a Chile para quedarse. Nuestra baja tasa de fertilidad que nos iguala con países como Italia, España o Japón más que con nuestros vecinos, determina una necesidad de trabajadores provenientes de otros países que vengan a radicarse en Chile. Por otra parte, nuestra condición de país de mayor ingreso per cápita en la región y el dinamismo de la economía chilena aseguran que muchos habitantes de países vecinos y otros emigrantes busquen oportunidades en nuestra tierra. Las últimas cifras sitúan en más de 1,2 millones de personas la población migrante, que estaría alcanzando a un 7% de la población chilena. Lo interesante es que más de la mitad de esas personas ha llegado a Chile en los últimos cuatro años, lo que transformó este tema en uno relevante en la discusión pública nacional y ha originado iniciativas de ley y otras medidas de política pública. Pero lo concreto es que Chile necesita población migrante y que quienes llegan a nuestra tierra requieren que el país los acoja.

Hay diversos antecedentes que hablan del aporte positivo que los migrantes hacen a nuestro país. Con datos de la CASEN 2017 hemos podido comprobar que los migrantes son más educados que la población chilena promedio y que participan con mayor frecuencia en la fuerza de trabajo. En Libertad y Desarrollo hemos documentado esta realidad en varias publicaciones. Además, es evidente que ellos vienen a aportar diversidad cultural en ámbitos como el arte, el deporte, la gastronomía y otros.

Muchas veces, más que estos aspectos positivos se destacan otros, como el hecho que compiten con los chilenos por los subsidios del Estado y por los puestos de trabajo, lo que es cierto pero no implica que el balance sea negativo para Chile pues a su vez aportan con impuestos y desarrollan labores que los chilenos están menos dispuestos a asumir; o la creencia de que podrían traer mayor delincuencia, lo que no está avalado por las cifras, o enfermedades. Hay que reconocer y asumir como una realidad que existe cierta desconfianza o rechazo en una parte de la población hacia los migrantes.

La sicología social nos ayuda a entender por qué. Investigadores como Jonathan Haid, o Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía, han estudiado el fenómeno desde una perspectiva evolucionista para concluir que en la especie humana hay reacciones frente a los extraños o distintos que tienen ciertos componentes de rechazo, así como también otros de cooperación. La clave está en cuál de ellos prevalece. Varios estudios coinciden, por ejemplo, que la masividad en la llegada de extranjeros a un país perjudica la buena recepción de los inmigrantes y a contrario sensu, la gradualidad es un elemento que ayuda a una mejor recepción. Por eso es que siendo partidarios de la inmigración hemos respaldado la política del actual gobierno en orden a regular el fenómeno aspirando a una migración sustentable. La realidad política europea ha demostrado también que no es compatible un Estado de bienestar cada vez más generoso con una alta migración, pues ésta se puede transformar en una fuerza oportunista que termina por quebrar el Estado de bienestar.

Por los mismo, nos parece insuficiente el enfoque de derechos que algunos, como el Servicio Jesuita a Migrantes, aplica a este tema. También aquí puede suceder que los cuidados del sacristán terminen matando al señor cura. Con todo, propiciamos un diálogo entre distintas visiones que permita conciliar posiciones y haga posible en Chile una migración sustentable.