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Director Nacional
SJM Chile

José Tomás Vicuña SJ

De la homogeneidad a la diversidad

14 de diciembre de 2018

Crecí en un país que valoraba la unidad, o más bien la homogeneidad. Había que ser de cierta forma, y a su vez aspirábamos a ser como otros: ingleses o estadounidenses. Pero de pronto nos vimos rodeados de latinoamericanos. Quienes vienen son distintos a lo que soñábamos ser. Nos hemos sentido amenazados, pero ¿no será eso producto de una identidad frágil? Vino alguien muy parecido a nosotros y frustró nuestro sueño de ser distintos.

En Chile hay muertes que han provocado cambios. El asesinato de Daniel Zamudio y Emilia Silva, o la muerte de Cholito, generaron leyes con sus nombres. Pero la muerte de Joane Florvil, no. Más bien provocó velatones y notas de prensa, no cambios estructurales. Su muerte al parecer no nos tocó. Ella nos quedó lejana. Era una desconocida o alguien que representa lo que no queremos llegar a ser: mujer, migrante, afrodescendiente, pobre. Sale de nuestros parámetros, se aleja de lo que nos afecta.

¿Quiénes somos? ¿Qué nos afecta? Como estamos acostumbrados a ser una sola cosa, en materia de migración se plantea la discusión dicotómicamente: puertas abiertas o cerradas, víctimas o delincuentes, orden o caos, aporta o no aporta, pro o antimigrante. ¿No es la humanidad y el mundo algo mucho más complejo que discusiones binarias? La migración nos trae diversidad. La dicotomía nos vuelve a lo homogéneo. Los migrantes amenazan lo que teníamos por estático: la cultura e identidad chilena. Hoy las cosas caben en más de un lugar.

Son las nuevas generaciones las que crecen viendo distintos modelos de ser. Las redes sociales permiten quebrar el control homogeneizador. Ya no se dicta desde La Moneda o desde una Iglesia cómo se debe ser. Son pocos caracteres o imágenes que comienzan a traslucir la diversidad y democratizar el poder.

En la sociedad actual se observan distintas culturas y modos de ser. Por eso las nuevas generaciones no buscan gestionar la homogeneidad, sino valorar la diversidad. Ello conlleva a promover la tolerancia (antes era el respeto a la autoridad), pero hay que reconocer que estamos al debe. Nos sigue saliendo más fácil la ley (que se basa en tolerar), no amar. Lo primero se cumple; lo segundo, compromete. Es más fácil gestionar la diversidad desde las redes sociales, donde soy leído; pero no visto. Hablo al mundo, pero no conocen mi voz. Dimos un paso, pasar de la gestión de la homogeneidad al de la diversidad. Falta otro: convivencia con la diversidad. No basta tolerar la migración, hay que convivir con las personas y toda su diversidad.


Columna publicada en La Tercera.